MITOS Y LEYENDAS DE EL JICARAL

En nuestro municipio existen un gran número de mitos y leyendas a la cual se hace mención.

1. Cerro La Cruz

Según la leyenda este cerro iba creciendo de manera muy acelerada, la gente se sorprendía y dispusieron comentarle al padre del pueblo. Y éste realizó observaciones periódicas, lo cual comprobó lo que la gente le decía. Entonces dispuso ir a hacer una misa al cerro, echarle agua bendita y colocar una cruz en la cima del mismo, así, de esta manera, el cerro no siguió creciendo y se quedó con el nombre de Cerro la Cruz.

2. El Chaperno

Chaperno es un cerro grande que avisa cuando va a llover fuerte a través de retumbos. Dicen que en el centro hay un lagarto de agua, porque por todos lados tiene vertientes de agua. Además cuentan que tiene respiraderos: unos huecos hondos, y que no siempre los encuentras en el mismo lugar, que cuando retumba hace huecos por diferentes lugares.




3. La poza La Pintada

En el casco urbano de El Jicaral, a orillas pasa el río Sinecapa. Allí hay una poza que la llaman La Pintada porque hay una mujer pintada en piedra. No se sabe quién la pintó. Pero desde que el pueblo existe, ahí ha estado La Pintada. Si alguien de otro lado se baña en esa poza, queda encantado y no se va del pueblo, o regresa siempre a bañarse en la poza.

4. El lagarto de oro.

En la mina de oro El Pilar, en el lugar Anillo de Fierro, hay una pieza de un molino que habían dejado los primeros gringos que vinieron a explotar esa mina. Después vinieron otros gringos a explotar la mina, e hicieron un túnel para extraer el oro. Ahí encontraron un lagarto de oro, que hasta le brillaban los ojos de puro oro. Y antes de sacarlo dijeron que hasta los ángeles del cielo iban a ser sus criados. Entonces el túnel se aterró, y ahí murieron los gringos.Y que el lagarto de oro ahí está.

5. La leyenda de míster Walter

En la mina de oro de Mina la India había un gringo llamado Walter. La gente le decía “míster Walter”. Era el contador en la mina, muy buena gente. Y cuando se desbordó la presa de La Simona, míster Walter iba del cine en su carro y la corriente se lo llevó.

Lo buscaron por toda la ribera del río Sinecapa, por varios días, buen grupo de hombres, hasta llegar al lago Xolotlán, que es donde desemboca el río. Y no lo encontraron.

Dicen que Dios se lo llevó al cielo con todo y carro, porque era buena gente.

6. El Toro Negro

Me contó Don José Laguna que una vez iba de noche montado en una yegua, y cuando pasó por El Toro Negro le agarraron la yegua del fiador, o sea las riendas. Se sorprendió porque no la dejaba caminar. Entonces sacó su pistola y comenzó hacer disparos alrededor de donde le agarraron a la yegua. Posteriormente escuchó que un animal salió corriendo y fue a caer como a unas diez varas hacia delante del camino donde él tenía que pasar.

La yegua estaba asustada por los balazos y no se acomodaba. Siguió caminando hasta donde cayó el animal, pero la yegua no quería acercarse. Tomó de decisión de bajarse. Con una mano tenía las riendas de la yegua y con la otra la pistola para ver quién era. Y si comprobaba que era bruja, ahí nomás la remataba.

La sorpresa fue peor cuando vio que lo que se retorcía y resoplaba era un macho. Entonces siguió su camino.

Al día siguiente por la mañanita se fue donde su hermano Carmelo. Le dijo que fuera a ver de quién era el macho que había matado para pagarlo, porque en esa comunidad nadie tenía macho.

Carmelo regresó rápido y le dijo que venía con miedo porque ahí no había ni señas que haya estado algún animal.

7-El jinete acosado por una mona

Cuando yo era pequeño, una vez estaba en mi casa con mi mamá y mis hermanos menores. Eran como las ocho de la noche. Teníamos un candil encendido para esperar las nueve de la noche y escuchar el cuento de Pancho Madrigal, cuando de repente

escuchamos unos balazos al lado del cerro, por el camino que conduce hacia el Ocotillo.

No le pusimos mente. Después escuchamos el tropel de un caballo, y se dirigió hacia la casa. Un hombre se bajó del caballo.

?Buenas ?dice.

?Buenas ?le contestamos?.

Miramos que era Pilin, un joven del pueblo que venía de hacer visita a la Lola del Ocotillo, y nos contó que una mona lo venía molestando durante todo el camino. Le maneó el caballo, se le montó a la polca, lo abrazó y le buscaba la pistola. Entonces le tuvo que disparar para que se bajara.

Después nos dijo que le prestáramos un cuchillo para preparar los otros tiros que aún le quedaban. Le prestamos el cuchillo que mi mamá cortaba las cebollas, y comenzó hacerles cruz con el cuchillo.

Revisamos el caballo, y tenía señas: las patas rojas donde lo habían maneado. Después se fue con todo y miedo. Ahora mi hermano Napoleón dice qué cobardes que fuimos, que no le dijimos que se quedara en la casa y que esperara que amaneciera.

8-El hombre brujo y la negra hechicera

Hay un señor que se transforma en brujo, me contó que una vez que andaba cortando café en las haciendas de Matagalpa se encontró con unos negros que sabían de brujerías y que platicaban con él, y que a veces se contradecían por los saberes sobre el tema.

A los días, empezó a enamorar a una hermana de los negros, y le dijo que era soltero, o sea, que no tenía mujer. Pero la negra se dio cuenta que era casado.

Cuando llegó como de costumbre, por la tarde, la muchacha lo recibió bien. Además le ofreció tomar un fresco. Lo tomó con la mano, y cuando lo llevó hacia la boca, se fijó que le estaba dando un hechizo. Entonces no se lo tomó, pero el vaso lo llevó hasta los labios, y empezaron a discutir con la muchacha.

Él le dijo que quería fregarlo. Ella le dijo que con lo que le quedó en los labios era suficiente, y que se iba a dar cuenta después que pasara el puente.

Él se fue sin esperar nada. La sorpresa es que, cuando cruzó el puente, empezó a tirarse pedos de una manera seguida. Llegó al campamento: iba igual. Pasaban las

horas y seguía de la misma manera. Era la una de la mañana, y de la misma manera. Ya sin fuerzas, y con el estómago crecido, de repente apareció el papá de la muchacha, y le dijo que lo curaba, pero que antes del amanecer tenía que irse.

Éste aceptó, y el señor hizo una seña con los dedos y le dijo que ya estaba curado. En efecto, dejó de tirarse pedos. Pero ahí nomás le envió un hechizo a la muchacha a través del viento. A esa misma hora empezaron hacer maletas, y a las cuatro de la mañana empezaron a caminar. A las seis de la mañana llegaron al lugar donde pasaba el trasporte colectivo, un camión donde se montaron sus familiares y él hacia Matagalpa.

Cuando llegaron, se dirigieron a buscar el bus hacia Estelí. Se encontraron con el papá de la muchacha. Éste le dijo que lo había curado, pero que le había hecho daño a su hija, y que estaba con hemorragia incontenible. Entonces él hizo seña con los dedos y le dijo:

?Ya está curada. Se puede ir sin problemas. Pero antes de irse, se pusieron de acuerdo que cualquier cosa se llamarían a través de sus señales. Pero que hasta la fecha nadie se ha llamado.

9-El brujo que se transformaba en cuervo y en cerdo

Me contó José Laguna que había un señor que se hacía brujo, y lo llamaban el cuervo. Y éste lo que hacía era introducirse en las casas de los hombres casados a mamarle los pechos a las mujeres, y cuando éstas se despertaban, salía el cuervo rápido de la casa.

José Laguna dice que una vez quiso entrar en su casa, pero éste se topó primero con unos cerdos. No se los llevó, sino que decidió entrar a la casa. Pero don José estaba solo, y cuando lo miró entrar por la puerta le hizo varios disparos con su pistola. Pero no le pegó ningún balazo. Este señor dijo que donde lo encontrara lo mataría.

Un día llegó llorando un niño y dijo que había encontrado a un hombre negro grande, que iba descalzo y que era horrible. Don José se acordó del cuervo.

Entonces decidió seguirlo a caballo, con su pistola en la mano. Al caminar mucho, lo divisó y empezó a seguirlo rápido y no lo podía alcanzar. Entonces le hablo:

?Párate ahí.

El cuervo no lo volvió a ver, y seguía caminando rápido. Le hizo un balazo y le apeó un casco que llevaba en la cabeza, el que utilizaba en la Mina. Lo tomó con la mano y

siguió caminando. Don José le siguió disparando. Terminó los tiros, cargó de nuevo la pistola y le siguió disparando. Tampoco le pudo pegar.

Entonces don José se fue a buscar a sus hermanos para que lo mataran, y planearon que en un rezo que él no iba a fallar ahí lo matarían. Llegó la fecha, se fueron al lugar, lo rodearon, cuando miraron que salió a la orilla de ellos un cerdo negro. Y no lo pudieron matar.

Esta entrada fue publicada en Cuentos y Leyendas. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *