Los tiempos de la chicha coyol

En aquellos tiempones en que la malvada motosierra no existía y no había semejante arboricidio abundaban los palos de coyol, que han sido exterminados por los despales.

Su flor es el corozo; su fruto es redondito y meloso, y con él se hace la rica miel de coyol; también ese fruto es pasto del ganado, que al rumiarlo lo regresaban en maletas en su excremento.

Recuerdo cuando niña, sobre una piedra fina le dábamos martillazos para comernos el coyolito.

Cuentan que existió en donde hoy es la comarca de Guanacastillo, un campesino de nombre Marcelino, quien era bueno a sus tragos y se perdía por las noches a tomar de un carrizo de bambú la deliciosa chicha de coyol hasta emborracharse.

Una vez, su mujer enojada lo siguió; pero él le dijo que su salida era a rezar. Sorpresa grande fue para su mujer, al alcanzarlo y lo ve hincado, ella dijo: ¡Estas rezando Marcelino!, pero al acercarse observa que está hincado con su gran carrizo de bambú bebiendo la efervescente chicha de coyol, que lo hacía siempre hasta embriagarse.

 

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