Tío Conejo

Tio Conejo“CUANDO TÍO CONEJO FUE DONDE TATA DIOS” 

Les voy a contar la pasada del tío conejo cuando fue donde Tata Dios; como se sentía muy chiquito fue para que Tata Dios lo hiciera grande como tío caballo y tío buey.

Por ahí se encontró con el tio perro y le dijo: -¿A dónde va, tio perro? –Ideay, tío conejo, pues voy para donde Tata Dios para pedirle que me dé el poder del hombre, porque así como estoy solo vainas saco. –Yo doy la vida por el hombre y él sólo me paga con palo.

-Pues vamos por el mismo camino- dijo tío conejo.

Y anduvieron hasta que llegaron al cielo, pero en la puerta estaba San Pedro, que les dijo: “Aquí no entran animales”. Y todo fue que San Pedro hablara para que tío perro comenzara la discutidera, y comenzó a ladrar enseñando sus colmillos. San Pedro, bravo, buscó una estaca y le dio una apaleada que salió como ánima que se lleva el diablo.

Pero tío conejo no le apartaba el ojo a San Pedro y cogió las llaves que estaban colgadas en un clavo y abrió la puerta, entrando al cielo. Apenas vio a Tata Dios le hizo reverencia y le dijo que lo hiciera grande. Tata Dios no quería pero él insistió; entonces Tata Dios le dijo: -Sólo que me traigás un cuero de tigre, un cuero de mono y un cuero de lagarto.

-Trato hecho –dijo –Y comenzó a andar. En eso llegó a la orilla del río de tío tigre a beber agua, tío conejo se hizo el que no lo veía y empezó a cortar bejucos.

-¿Y para qué quieres tantos bejucos?, le dijo tío tigre.

-Es que viene un gran ventarrón, me lo dijo Tata Guas, y estoy cortando bejucos para amarrarme y que no me lleve.

-Amarrame a mí también –dijo el tío tigre.

-A Usted solo le gusta que le hagan favores –dijo tío conejo, haciéndose el rogado.

-Amárrame ¡no seas malo!

-Venga pues, dese prisa que ya viene el viento.

Y comenzó a amarrarlo y a socar bien los bejucos: patas, manos y hasta el pescuezo, y buscó una piedra.

-Ay te va por baboso –le dijo tío conejo- Y se la dejó caer en la cabeza. Tío tigre no dijo ni cuillo. Entonces tío conejo hizo un zurrón con el cuero y cogió para el monte.

En eso vio un palo con un montón de monos y se fue con el zurrón al pie del palo, lo puso en el suelo y se puso a hablar:

-Aquí traigo mi maicito y pobre del que se lo robe. Para que lo oyeran los monos –Y dejo caer el zurrón en un matorral, llevándose la punta del mecate del nudo corredizo. Allí se estuvo. Cuando los monos creyeron que se había ido, bajaron del palo y dijeron: -Esta es la hora de robarle el maís al tío –Y empezaron a acercarse, hasta que el más grande se metió dentro del zurrón y ¡ñas!, salió tío conejo del matorral, agarró un garrote y empezó a garrotearlo.

Ya tenía el cuero del mono, entonces buscó por el lado del estero donde dormía tío lagarto.

-Esta muerte si es fregada –iba diciendo tio conejo, pero no se hizo atrás. Se acercó calladito y cuando estaba cerca cogió un palo y piplós, le dio al lagarto. Tío lagarto se despertó furioso y voló un colazo y lo quiso seguir con las patas abiertas, pero tío conejo haciéndose el sonso empezó a beber agua.

-¿Que tal, tío lagarto?

-¿Cómo te atreves a saludarme, cuando veniste a leñatearme?

-¿Yo? – dijo tío conejo.

Si. Yo te vi, carajito.

Ahhh, ese debe haber sido mi hermano zángano –le dijo tío conejo.

Pues si me dan en la vida me matan, -contestó tío lagarto.

¿Y donde tiene usted la vida?

-En esta toronjita.

Tío conejo se fijó muy bien, pero se hizo el sonso y le dijo:

-Pues yo le traía un regalito, tío lagarto, carne de mono que me regalaron ayer.

Y en lo que tío lagarto abría las tapas para tragarse la carne de mono, tío conejo sacó del zurrón un tremendo garrote y se le dejó ir en la toronja. Tío lagarto sólo dio un colazo y quedó panza arriba.

-Te fuiste también. -Dijo tío conejo.

Cogió los tres cueros y se fue.

-Aquí le traigo, Tata Dios, los tres cueros que me pidió.

Tata Dios quedó asustado. Apenas tenía un día de haberse ido y ya volvía con los tres animales.

-Vení para acá, le dijo.

Tío conejo se acercó.

-Si sos tan malo chiquito, como serías de grande. –le dijo.

Y le cogió las orejas y se las jaló.

-Confórmate con que te deje grandes las orejas.

Y desde entonces el tío conejo tiene las orejas grandes, porque quería ser grande y Tata Dios lo vio demasiado malo.

Este como otros relatos de las aventuras del tío conejo, pertenecen a la tradición oral de Nicaragua. Lo mismo que la cultura mesoamericana.

Las versiones reproducidas aquí fueron recogidas de Granada y Nandaime en 1956 por Pablo Antonio Cuadra, de boca de las mujeres y hombres de esos lugares.


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